La
función socializadora de la enseñanza de la historia se puede
seguir en prácticamente todos los programas de historia de Europa y
de todo el mundo, en especial en relación con su finalidad
nacionalista. BOYD (2000: 15), en el análisis de las relaciones
entre política, historia e identidad nacional en España, destaca
que «en Europa, la preocupación por la comprensión popular del
pasado apareció a mediados del siglo XIX, cuando los Estados,
especialmente aquellos con instituciones democráticas oficiales, se
hicieron con el propósito de inculcar valores “patrióticos” o
“nacionales” a sus ciudadanos incluyendo la historia nacional
entre las disciplinas básicas de sus sistemas de educación primaria
y secundaria.Es un conocimiento histórico parcial que ha escondido y
esconde a muchos de los y de las protagonistas de la historia, que
evita tratar los conflictos existentes en cualquier país, que
presenta a los demás –a las otras naciones, a los otros pueblos–
como las responsables de los males de les han ocurrido, etc. Para las
historiadoras norteamericanas APPLEBY, HUNT y JACOB (1994: 270) las
relaciones entre historia y democracia son tensas porque «las
naciones utilizan la historia para construir un sentido de identidad
nacional, priorizan la necesidad de fábulas generadoras de
solidaridad y postergan la inquisición abierta y docta que acaso
lesione ilusiones».
Las
finalidades moral y socializadora de la enseñanza de la historia
resisten al cambio y explican el poco impacto de las propuestas
realizadas desde la renovación pedagógica y, más recientemente,
desde la teoría socio-crítica. Sin embargo, cada vez existen más
discursos en los que la enseñanza de la historia y la educación
para la ciudadanía se dan la mano y se están ofreciendo valiosos
argumentos para orientar el cambio de las prácticas, sin
duda, cada vez es mayor el número de voces que apuestan por un
cambio de enfoque de la enseñanza de la historia en la que se
fomente , no sólo a través de las finalidades sino también de los
contenidos, la función cívica y ciudadana de estas enseñanzas
(ver, PAGÈS, 2003), la
historia puede aportar a esta conciencia ciudadana los conocimientos,
los valores y las habilidades mentales necesarias para que nuestros
jóvenes sepan que su futuro será el resultado de lo que ha
existido, de lo que estamos haciendo y de lo que harán hombres y
mujeres en un contexto cada vez más globalizador.